Personalmente,
estoy de acuerdo con el derecho a la muerte inducida clínicamente pero solo en
situaciones extremas y en las que se consideren realmente complicadas.
Toda persona debe
tener derecho a decidir sobre su propia vida y cuando quiere acabar con ella,
pero no por eso, se debe de llegar a la situación extrema de una sociedad
materialista en la que la persona por el simple hecho de estar enferma, se haga inservible y se considere que no
tiene valor ninguno, haciendo de este derecho un abuso incontrolable.
Por estas razones,
pienso que en el momento en que una persona decida acabar con su vida debe de
ser apoyada psicológicamente por profesionales y especialistas y ser ayudada
por estos para cambiar de opinión. Si se da el caso de no se puede remediar la
situación y no se ve cura futura se le podría permitir abandonar el tratamiento
o que se le indujera una muerte sin que esta sufriera.
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