lunes, 9 de junio de 2014

OPINION POLITICA



Los debates que se llevan a cabo sobre la eutanasia generalmente terminan enredados por prejuicios morales, religiosos, emocionales, etc. Pero en realidad, sin cuestionar los diferentes puntos de vista, la pregunta que se debe hacer es:

¿A una persona que se siente completamente mal, siente que su vida no es suficiente razón para vivir el dolor intratable, la pérdida de dignidad o la pérdida de algunas facultades, pide repetidamente ayuda para un suicidio, está consciente y no está en capacidad de fingir una depresión se le puede aplicar la eutanasia o asesorarla en su suicidio?

En los debates sobre la eutanasia no se debería discutir lo siguiente:

Si un enfermo terminal debe pedir la eutanasia, lo que siempre es una decisión personal, sino si la gente en general debería darse la elección para pedir su aplicación.

Si se debería permitir el suicidio. En muchos países el suicidio es un acto legal y ha sido así por mucho tiempo.

Si a una persona saludable que está sufriendo un período de depresión se le debe dar ayuda para el suicidio. No se debe dar tal asistencia.

Si se debe permitir que una persona de la familia pida la aplicación de la eutanasia, pues una petición así debe venir del enfermo terminal.

Los grupos que se oponen al aborto son, generalmente los que se oponen también a la eutanasia, entre ellos se encuentran:

Los grupos religiosos conservadores, quienes se oponen a la libertad personal de elección en muchas áreas de la vida.

Las asociaciones médicas que se dedican a salvar y alargar la vida y se sienten incómodos ayudando a la gente a terminar sus vidas.


Grupos de incapacitados que tienen miedo de que la eutanasia sea el primer paso hacia la inclinación de terminar, sin su voluntad, con las vidas de la gente incapacitada.

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