Los debates que se
llevan a cabo sobre la eutanasia generalmente terminan enredados por prejuicios
morales, religiosos, emocionales, etc. Pero en realidad, sin cuestionar los
diferentes puntos de vista, la pregunta que se debe hacer es:
¿A una persona que
se siente completamente mal, siente que su vida no es suficiente razón para
vivir el dolor intratable, la pérdida de dignidad o la pérdida de algunas
facultades, pide repetidamente ayuda para un suicidio, está consciente y no
está en capacidad de fingir una depresión se le puede aplicar la eutanasia o
asesorarla en su suicidio?
En los debates
sobre la eutanasia no se debería discutir lo siguiente:
Si un enfermo
terminal debe pedir la eutanasia, lo que siempre es una decisión personal, sino
si la gente en general debería darse la elección para pedir su aplicación.
Si se debería
permitir el suicidio. En muchos países el suicidio es un acto legal y ha sido
así por mucho tiempo.
Si a una persona
saludable que está sufriendo un período de depresión se le debe dar ayuda para
el suicidio. No se debe dar tal asistencia.
Si se debe
permitir que una persona de la familia pida la aplicación de la eutanasia, pues
una petición así debe venir del enfermo terminal.
Los grupos que se
oponen al aborto son, generalmente los que se oponen también a la eutanasia,
entre ellos se encuentran:
Los grupos
religiosos conservadores, quienes se oponen a la libertad personal de elección
en muchas áreas de la vida.
Las asociaciones
médicas que se dedican a salvar y alargar la vida y se sienten incómodos
ayudando a la gente a terminar sus vidas.
Grupos de
incapacitados que tienen miedo de que la eutanasia sea el primer paso hacia la
inclinación de terminar, sin su voluntad, con las vidas de la gente
incapacitada.

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